
Pido prestadas algunas páginas de mi soberbia,
después de haber gastado otro par de zapatillas,
las mismas que he comprado
durante siete años.
Escucho esa radio fascista,
que inevitablemente me atrapa
con su música de antaño.
Recuerdo a mi madre y sonrío.
Espero al hijo del panadero
que paciente habita,
en el lindero esquivo
de mi corazón.
Suelo desaparecer interpretándome
en Jou de Sant.
Me encanto de la vida
recorriendo la geografía humana,
aferrándome a la existencia
para llegar a mi destino.
Soy feliz comiendo chocolate con menta,
como cuando niña
en las tardes frías y de apagones
en Cinco de Abril.
Guerra en las calles.
Cacerolazos de hambre
En Quinta Normal.
Donde el almacén de mi viejo
quebró de tanto fiar.
Nada soy en la memoria Renquina,
como esa perra hecha pellejo y garrapatas
tirada a la suerte.
Hoy
busco una puerta
coleccionando llaves.
Plasmo pequeñas imágenes
que prendieron cigarrillos.
Camino en la estación sin tiempo
esperando un tren a ninguna parte.
Hago el amor con mi suerte
y no me atormenta orinar en un cementerio.
El futuro incierto me levanta cada mañana
y en el rancho
una bicicleta azul espera
aprender a volar.